Las grandes empresas acuden a los espacios flexibles de trabajo en su apuesta por el talento

Grandes y medianas empresas que apuestan por el talento están recurriendo cada vez más a fórmulas de organización de su plantilla que huyen de la centralización y que incluyen conceptos como trabajo por resultados, jerarquía plana, trabajo colaborativo, teletrabajo, trabajo en remoto o trabajo flexible. Esta tendencia está provocando un verdadero boom de los espacios flexibles cuyas claves analizamos en este post para que aquellos que creen en la innovación y el talento no se queden fuera.

Según el estudio Espacios Flexibles en España elaborado por la consultora inmobiliaria Cushman & Wakefield y la asociación sectorial ProWorkSpaces, en los nueve primeros meses de 2019, se contrataron en Madrid y Barcelona 255.900 metros cuadrados de espacios flexibles de trabajo, lo que supuso un crecimiento del 71,5% respecto al mismo periodo del año anterior. Otro trabajo –éste, denominado Estudio sobre el Impacto Socioeconómico de las Oficinas Flexibles– y elaborado por economistas independientes para el gigante Regus revelaba hace unas semanas que el crecimiento de los espacios de trabajo flexibles generará un negocio de casi 230.000 millones de euros en los próximos 10 años, en gran medida por la tendencia de las grandes empresas a impulsar políticas de trabajo flexible y de movilidad sostenible que mejoren el bienestar de los empleados vía teletrabajo y deslocalización de plantillas.

Entre los nuevos «flexworkers” destacan las firmas multinacionales que acuden a este tipo de centros para iniciar su negocio en España o las grandes compañías que retienen el talento e, incluso, atrapan nuevo talento cambiando las oficinas centralizadas de otro tiempo por plantillas trabajando en un entorno inspirador, próximo y con grandes posibilidades de networking. Incluso, según explican los teóricos del trabajo, si la empresa está interesada en invertir en startups prometedoras, los empleados que trabajan en un coworking, una oficina compartida o un centro de negocios (lo que se entiende por «oficina flexible») pueden ayudar a identificar objetivos potenciales.

Pero también hay aspectos prácticos que entran en juego. La descentralización de plantillas permite a las empresas reducir sus oficinas y, por tanto, los gastos fijos de la empresa. A los empleados fijos o a los freelancers que trabajan por proyectos les minimiza el esfuerzo de transporte, sobre todo, cuando la dirección decide centralizar oficinas, centros de formación o espacios de investigación en una gran sede que, por cuestión de costes, se situa siempre en la periferia de las grandes ciudades, en ocasiones, en poblaciones bastante alejadas.

Las soluciones en la nube (OneDrive, Google Drive o Dropbox) y las aplicaciones de teletrabajo en equipo (como Trello, Todoist, Evernote o Hootsuite) hacen el resto para el «boom» de la “extended workforce”.

Experiencias de trabajo flexible en todo el mundo

Todo esto puede sonar casi futurista, pero es presente en empresas de todo el mundo, particularmente, en Estados Unidos, el país más avanzado casi siempre en tendencias empresariales. Según un estudio de la firma de outsourcing Sodexo, el 70% de los profesionales de ese país que probaron el trabajo descentralizado están convencidos de este sistema, fundamentalmente, para administrar mejor sus horarios.

IBM y Microsoft ubican a algunos empleados en espacios flexibles para que éstos puedan ayudar a las start-ups en el uso de sus productos y, a la vez, recibir feedback directo de los mismos para poder mejorarlos. Paralelamente, estas grandes compañías también están abriendo sus oficinas a emprendedores para potenciar el intercambio de ideas. IBM, por ejemplo, desarrolla una iniciativa de coworking corporativo denominada BlueMix Garage en San Francisco.

PricewaterhouseCoopers (PwC) ha transformado todas sus oficinas de Estados Unidos en espacios de coworking, no sólo para reducir costes inmobiliarios sino para ayudar a mejorar la productividad de sus empleados especialmente, de los millenials.

Algunas empresas de Sillicon Valley ofrecen a sus ejecutivos y empleados más valorados la posibilidad de elegir entre trabajar desde la sede central, desde su casa o desde uno entre varios espacios de trabajo con los que han negociado previamente precios reducidos.

La “moda” del “flexworking” corporativo está saltando el Atlántico. BNP ha apostado por esto en París. El gran banco francés buscaba un lugar alejado de su cultura tradicional en el que sus empleados se pudiesen beneficiar de las virtudes de otros equipos de trabajo.

Endesa ha dado un cambio en su cultura corporativa, apostando por crear un espacio de coworking en su sede de Hortaleza (en Madrid) donde empleados y colaboradores externos trabajan de manera colaborativa en los nuevos proyectos de innovación del grupo. Y la empresa alemana Ottogroup ha creado el espacio “collabor8” en un almacén de su sede en Hamburgo que no estaba siendo utilizado, y ahora funciona para fomentar el desarrollo del talento entre sus empleados.

A estas alturas, pocos niegan ya que los espacios de trabajo y el emprendimiento viven una verdadera revolución juntos, como concluyó, a mediados de noviembre, una convención en Madrid de la Asociación Española de Oficinas bajo el título Work in Place 2019. En esta cita, Philip Ross, consejero delegado de la consultora especializada Unwork describía un mundo en que los empleados pueden llevar a sus perros al trabajo, las oficinas se llenan de naturaleza (real o virtual) y los altavoces inteligentes dan respuesta a muchas de las necesidades de las empresas.


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